El gobierno de Maduro prometió en 2013 entregar 50 gimnasios en 18 meses. El Pitazo visitó 50 espacios en 15 estados de Venezuela para seguir la pista del proyecto deportivo y comprobó que 12 recintos no se inauguraron, uno no se edificó y 37 funcionan pero no ofrecen los servicios prometidos por el Estado y presentan fallas de mantenimiento

Una investigación de Johanna Osorio Herrera y Nadeska Noriega Ávila / Unidad de investigación y equipo de corresponsales de El Pitazo, en alianza con CONNECTAS y el International Center for Journalist

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“El gobierno del presidente Nicolás Maduro está cumpliéndole al pueblo de Vargas. Se asumió la construcción de un tremendo gimnasio y aquí está. Se está construyendo maraca de obra para beneficio de todos los varguenses”, declaraba en marzo de 2014 el coronel José Manuel Suárez, presidente del Instituto de Infraestructura de Vargas y secretario general del gobernador Jorge García Carneiro, en una visita de inspección al CDC de Paz que se edificaba en El Cardonal, en la parroquia La Guaira. Ese mismo día, prometió que el recinto estaría listo en junio de ese año. Hoy, sin embargo, el gimnasio vertical de El Cardonal permanece cerrado y abandonado.

Aunque el tiempo estimado de construcción de los gimnasios era de 18 meses, y debían estar concluidos a mediados de 2015, esto no sucedió. Como este gimnasio varguense hay 12 más en otros cinco estados del país, de acuerdo con la investigación realizada por El Pitazo en 15 entidades. De los restantes, uno no se edificó y 37 funcionan pero no ofrecen los servicios prometidos por el Estado y presentan fallas de mantenimiento.


Es insólito que un proyecto público de este tipo se construya sin ninguna consideración sobre el terreno

Ignacio Cardona, arquitecto y diseñador urbano venezolano, quien es investigador y candidato doctoral de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard

De acuerdo con ingenieros y obreros involucrados en la obra consultados por El Pitazo, que prefieren reservar su nombre, el factor común entre el gimnasio que no se construyó en el estado Bolívar y los que quedaron como cascarones vacíos en Caracas, Vargas, Miranda, Falcón, Zulia y Táchira es que los terrenos no eran aptos para estas construcciones. Ignacio Cardona, arquitecto y diseñador urbano venezolano, investigador y candidato doctoral de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard, toma como muestra dos de los gimnasios verticales que fueron abandonados en el estado Vargas, en la costa venezolana, y evalúa su situación. “En el caso del CDC de Paz ubicado en el sector El Cardonal en la avenida Soublette de La Guaira, es evidente que está muy cercano a la playa. Por el otro lado tenemos el levantado en el sector de Mamo, en Catia La Mar, al oeste del mismo estado, levantado en una zona de riesgo de vaguada, en el cono de deyección del río Marapa-Mamo. En estos dos casos es obvio que ante una crecida de agua, un mar de fondo, unas lluvias extraordinarias, que todos los indicadores ambientales dicen que pueden ocurrir, ese edificio va a terminar afectado. Es insólito que un proyecto público de este tipo se construya allí sin ninguna consideración. Estamos hablando de terrenos que, simplemente, escogieron porque estaban disponibles, sin ningún análisis o estudio ambiental”, afirma el experto.

La situación de este último recinto es de especial importancia, debido a la Tragedia de Vargas, como se le conoce al conjunto de deslaves e inundaciones ocasionados por una vaguada registrada los días 15 y 16 de diciembre de 1999, y que es considerada uno de los peores desastres naturales registrados en América Latina. Tras estos sucesos, algunos terrenos fueron declarados inhabitables y zonas de riesgo, entre ellos el espacio en Marapa-Mamo que doce años después fue utilizado para levantar uno de los gimnasios verticales de la entidad costera.
Cardona es categórico al respecto, y al evaluar el proyecto y su inversión. “Los gimnasios verticales no pasarían un examen de diseño básico en ninguna universidad. Son edificaciones tan pobres que no se puede llamar arquitectura y es una ofensa que un Estado invierta dinero público en un edificio tan precariamente diseñado”.

A la selección inadecuada de terrenos se le suman las promesas fallidas de culminación de los gimnasios verticales. En junio de 2019, el secretario Ejecutivo del Movimiento por la Paz y la Vida, Alexander “Mimou” Vargas, aseguró que los 13 gimnasios verticales pendientes estarían culminados y operativos antes de concluir el año, pero El Pitazo verificó, entre agosto y octubre, que no había obreros ni maquinarias trabajando en ninguno de ellos.

Las incongruencias en la ejecución del proyecto alcanzan también a los recintos que funcionan. Aunque el proyecto prometió, además del fomento de la actividad deportiva, brindar espacios de fisioterapia para ancianos, el equipo de reporteros de El Pitazo comprobó, en su recorrido por los 15 estados que serían beneficiados, que en 89% de los gimnasios culminados no existen rampas de acceso para personas en silla de ruedas. Aunque las estructuras tienen cinco pisos y, por lo tanto, requieren ascensores, los elevadores de 28 de los 37 gimnasios no funcionan, por causas prevenibles, y en 19% de los recintos las escaleras presentan daños que atentan contra la seguridad del público, como desprendimiento de material antirresbalante, ausencia de pasamanos y hasta óxido.

Además, tras seis años del inicio del proyecto, y pese a la constante inyección de recursos por parte del Estado, 81% de los gimnasios construidos presentan daños o deterioro en el mobiliario. El Pitazo constató que, desde cestas de básquet dañadas y rings de boxeo descuidados, hasta espacios cubiertos de óxido, reciben cada día a los usuarios de 30 de los 37 recintos que funcionan en la actualidad.

Como en todo el país, los precarios servicios públicos hacen también mella las coloridas estructuras: 38% gimnasios terminados presentan fallas graves en el suministro de agua, 49% no ofrecen tampoco agua potable para los usuarios. En 14 de los 37 recintos no funcionan las duchas, necesarias en recintos deportivos, y nueve no tienen vestuarios disponibles. Los baños también presentan inconvenientes importantes, pues en 14% gimnasios terminados no existen sanitarios habilitados para los usuarios, y en los que sí hay, al menos 10 no estaban aptos para su uso, hecho constatado durante la reportería de El Pitazo.

Más allá del descuido que se ha hecho cotidiano, los gimnasios también han sido desnudados por eventos imprevistos, como el temblor registrado en Venezuela en agosto de 2018, que ocasionó daños estructurales a dos de estos recintos, agravados por el uso de materiales precarios, de acuerdo con el coordinador de uno de los gimnasios.

Mario Vásquez era uno de los usuarios del gimnasio vertical de Caripe, al norte de Monagas, un estado ubicado al oriente de Venezuela, la tarde del 21 de agosto de 2018. En medio de la actividad física, el edificio comenzó a estremecerse. Alguien gritó: “está temblando” y todo se volvió un caos. La estructura metálica prefabricada danzaba impulsada por el movimiento telúrico, que alcanzó una magnitud de 6,9, con una duración de 2 minutos con 20 segundos, y cuyo epicentro estuvo focalizado en el estado Sucre, vecino inmediato de Monagas. Vásquez recuerda la locura para salir por la estrecha escalera, la falta de señalización y la sensación absoluta de inestabilidad.

“Después del temblor se veían fisuras en las paredes, grietas en el techo y cerámicas descuadradas. En octubre de 2018 se ordenó el cierre. La orden fue emitida por la Vicepresidencia de la República. Esa fue la información que dieron en el gimnasio los del Movimiento por la Paz y la Vida. Dijeron que lo inspeccionarían y repararían”, recuerda Vásquez. Lo mismo que ocurrió en Caripe, pasó en el estado Sucre, en el gimnasio vertical de Carúpano, donde los baños colapsaron, se fracturaron las cerámicas y el porcelanato y las conexiones de agua se dañaron. Pero en este caso quien ordenó el cierre del recinto fue Alexander Vargas, viceministro de la Promoción Deportiva, viceministro de Asuntos para la Paz y máximo vocero del Movimiento por la Paz y la Vida, que tiene bajo su tutela los gimnasios verticales.

Ambas estructuras, que fueron construidas por la empresa Landscape Vision Corporation (Lavincorp), de acuerdo con el contrato suscrito con la Fundación Propatria 2000, se vieron afectadas por el movimiento telúrico.


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En 2018, El Pitazo entrevistó al director del gimnasio de Carúpano para la fecha del temblor, Rafael Ramírez, quien aseguró que los daños observados tras el terremoto se debieron al uso de materiales de mala calidad. “Como la obra está en garantía se procedió a dar la información a Caracas, para que la empresa matriz tome los correctivos”, afirmó en esa oportunidad. Transcurrieron ocho meses y ninguna intervención o mejora se hizo en los gimnasios verticales de Caripe (Monagas) y de Carúpano (Sucre). Sin embargo, el lunes 20 de mayo del 2019, se volvieron a abrir las puertas de ambas estructuras. Tanto en Caripe, como en Carúpano, los trabajadores adscritos a las llamadas Grandes Bases de Misiones de Paz, quisieron realizar trabajos menores para devolverle la vida a los gimnasios, pero se les indicó que no podían, que los trabajos deberían ser hechos por la contratista que sería enviada desde la Fundación Propatria 2000, ubicada en Caracas. Esta empresa y las inspecciones anunciadas no llegaron.