Opinión

Cuties, el peligroso experimento pedófilo de Netflix

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Por: Ángel Rivero

Netflix, desde su nacimiento hasta la actualidad, ha sido la mayor plataforma virtual de entretenimiento que representa la disputa de lo nuevo contra lo viejo. Pronto se cumplirán 20 años de aquella propuesta que Reed Hastings y Marc Randolph, los socios fundadores del “monstruo” del streaming, le ofrecieron a John Antioco, el CEO de Blockbuster: la oportunidad de ser el ala digital de la empresa por 50 millones de dólares.

Esta realidad de lo nuevo contra lo viejo, que se expresa actualmente en lo físico contra lo digital, también tiene un frente ideológico a nivel discursivo y de ventas que se rige a través del targeting. No es un secreto que Netflix segmenta su contenido y lo dirige directamente hacia la audiencia milenial (nacidos entre 1981 y 1994) y centenial (los que vieron la luz entre 1995 y 2010), los más afines al internet.

Desde shows donde se les da cabida a las orgías multirraciales con participantes de distintos sexos como Sense 8, pasando por un Jesucristo gay como el de la película brasileña Porta Dos Fundos, hasta la inclusión de personajes menores de edad con orientaciones homosexuales como Stranger Things y Sex Education, Netflix carga su espacio con agendas políticas de distintas índoles, aunque las tramas en sí, no disten de la realidad común.

Estos programas para jóvenes y adultos contemporáneos en los que se promocionan luchas a favor de derechos humanos, siempre han sido razón de debate en redes sociales (véanse también como estrategia de ventas), gozando de tanta aceptación como rechazo, pues ante las propias etiquetas de la plataforma, se califican como “irreverentes”, como “lo nuevo”, lo “no conservador”, pero ¿hasta qué punto es esto permitido socialmente?

En esta nueva producción francesa de Netflix llamada Mignonnes (Guapis en español), lanzada el 9 de septiembre de este año, nos enfrentamos a la reciente propuesta del gigante del entretenimiento: el coqueteo con la pedofilia y la pornografía infantil sugestiva para dar espacio a la comunidad MAP, las “minor-attracted person” (personas atraídas por menores). Existen dos maneras de analizar la película desde el lenguaje cinematográfico:

Análisis literario

Nos presentan a Amy, una niña musulmana de ascendencia senegalés de 11 años con pocos recursos, abandonada por su padre (abandono paternal) que debe cuidar a sus dos hermanos menores que rondan los 2 y 5 años mientras su madre trabaja. Una de las primeras escenas de la película, nos muestra la realidad musulmana de la poligamia, cuando la madre de Amy se entera de que su esposo va a casarse con una segunda mujer, recordando que, en el islam de ciertas localidades africanas, los hombres tienen permitido estar casados hasta con 4 mujeres al mismo tiempo. Al enterarse de la noticia, se escucha cómo la madre de Amy golpea su propia cabeza con sus manos (autolesión) sin notar que su hija la escucha escondida debajo de la cama.

Es allí donde comienza el distanciamiento materno, ese vacío que se convierte en carencia por la ausencia parcial de la madre en la etapa de la preadolescencia de la pequeña, además de la responsabilidad adquirida de cuidar a sus dos hermanos menores siendo también una niña. A los pocos minutos, entramos a otro escenario, el colegial; a esa exposición de Amy ante la sociedad, su entorno y su interacción tanto con las niñas de su edad como con sus bienes; en este caso particular, teléfonos inteligentes y vestimenta.

En primera instancia, podemos ver el contexto hipersexualizado en el que se encuentran las niñas del elenco a través de su “look”: cabellos planchados, blusas cortas con el abdomen expuesto, shorts sumamente cortos, licras de cuero, maquillaje y mucha afición en el baile erótico. Al ser Amy razón de burlas por “parecer una niña anticuada”, esta comienza a sentirse fuera de lugar y, por presión social, busca pertenecer y ser aceptada en este grupo de niñas bailarinas, lo que la lleva a hurtar el teléfono de su vecino para comenzar a entender el lenguaje y el comportamiento de sus compañeras a través de Instagram.

En francés, “gustar” y “amar” se expresan en la misma palabra, “aimer”. La carga lingüística de “dar amor”, a nivel cognitivo, no es la misma que de “dar me gusta”, al menos en español. La misma se establece como un vínculo emocional que trasciende a lo estético; es, en sí, afecto, atención, importancia, lo que Amy busca en la trama de la película.

Al ser integrada a este nuevo grupo de amigas, también debe aprender a bailar, lo que la lleva a un nuevo proceso de adaptación que, guiado por una plataforma que se asemeja a Youtube, enfoca sus esfuerzos hacia un modelo aspiracional que retrata a la mujer como un objeto de deseo, de provocación, deseosa de fama, dinero, diversión, rumbas y lujos a través de videos musicales que muestran el «twerking» como un acto llamativo.

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Es allí donde surge el rompimiento de su inocencia, evocando la sexualidad, y su acercamiento a la amistad con su amiga latina, Angélica. La situación de “Angie”, a diferencia de las otras niñas, es explicada: una niña castrada y maltratada por su hermano mayor, con quienes sus padres, que también trabajan todo el día, la comparan constantemente por tener mejores notas académicas.

Todos estos factores psicológicos muestran la compleja situación de estas niñas y cómo el internet las lleva a enfrentar una madurez temprana de manera forzosa y sin enfrentar un proceso adecuado para entender tanto su sexualidad como la sociedad en la que vive, y más con la presión digital que ejerce la opinión pública en las personas.

Análisis técnico

La promoción pornográfica sugestiva está plenamente identificada en los planos fotográficos, y es aquí donde la dirección obra en mala fe. El vestuario de las niñas, la dirección de fotografía, el maquillaje, la coreografía de los bailes y el enfoque de la directora Maïmouna Doucouré (también senegalés-francesa), ofrecen algo más allá de la realidad, rayando en el morbo y la complacencia; en lo innecesario de los planos.

Las partes íntimas de las niñas, aunque con ropa, son vilmente enfocadas, en coordinación con los pasos de baile obscenos que van escalando según transcurre la película. Es aquí donde chocan su sólido argumento, que es una realidad mundial, y el trasfondo sexual del film.

La inclusión, el Caballo de Troya de los pedófilos

Por años, Netflix ha luchado por incluir a la comunidad LGBT y sus vertientes en sus producciones para que sean aceptadas a nivel mundial, a tal punto que movimientos como el MAP han intentado ser parte de la misma agenda comunitaria para que sus exigencias sean debatidas y avaladas al mismo nivel. Es aquí donde debe acordarse una ruptura, pues esta es una película para mayores de 18 años cuyas protagonistas son niñas de 11 años filmadas bajo un enfoque pedófilo que pone en riesgo la legitimidad de la lucha LGBT.

La sinopsis es el Caballo de Troya de la empresa para pasar desapercibida en la descripción de la película, pues indica que “Amy es una niña que quiere unirse a un grupo de baile, desafiando a su familia conservadora”, siendo este un falso dilema que no describe ni el argumento real de la película ni el enfoque pornográfico, queriendo interpretarla como una versión francesa de High School Musical con niños involucrados.

La semiótica juega un papel importante para todo film que tenga una agenda encubierta. Ya se han registrado anteriormente, en diferentes producciones, vestuarios con la bandera LGBT en niños y adolescentes, pero, en un intento de lograr lo mismo con el mismo método, hacen vestir a Amy una blusa con los colores de la bandera MAP. Estas estrategias de adoctrinamiento en menores y jóvenes, que van colándose de manera silenciosa, influencian a los más pequeños antes de que tengan los conocimientos y madurez necesaria para tomar una decisión por sí mismos. Este modo particular de proselitismo, acecha las puertas virtuales de millones de viviendas a nivel mundial, y están cada vez más cerca de volverse una amenaza si no se atacan a tiempo.

Pedofilia en Sundance

La película fue premiada en el mayor festival de cine independiente del mundo, el festival francés Sundance, con el Premio a la Mejor Dirección de Drama. En mayo del año pasado, el cofundador y exmiembro de Sundance fue acusado de abusar de una niña de 7 años en dos oportunidades entre 2013 y 2015, por lo cual fue sentenciado a 6 años de prisión en julio, y aunque ya hace más de dos décadas que no es parte de la organización, opiniones apuntan a la tendencia de la organización por premiar este polémico film francés.


ÁNGEL RIVERO | @angelriverosg

Periodista venezolano | Fotógrafo | Director de Marketing | Productor Audiovisual | Bajista | Comparto fotografías, análisis cinematográficos y música.

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